Érase una vez un Joven brillante y hábil profesionista llamado Juan, se dedicaba a crear empresas propias y se había convertido en exitoso hombre de negocios que ya tenía todo el tiempo para él, vivía solo en una preciosa mansión llena de jardines y comodidades; como cada día, ingresó a las redes sociales donde conversaba con sus amigos; tenía la sensación que el mundo se había hecho impersonal y frío, hacer amistades virtuales e irreales eran muy fácil con la tecnología, sentía que él como muchos otros, perseguían un nombre, un status, likes, éxito, fama, e ingresos, pero también sentía que estaba “perdiendo algo”, podría ser “El alma”, sentía algo parecido… al vacío.
Una tarde llegó a su casa, se recostó cómodamente, entró a su celular y sucumbió a su adicción, la información: Ahí estaban los últimos chismes de la gente del espectáculo, la ola de asaltos en la ciudad, corrupción de políticos y empresarios, guerras entre países; Se sintió asfixiado, dejó su celular y se dirigió a un café al zócalo de la hermosa ciudad donde vivía, se encontró con sus amigos empresarios y por largos minutos escuchó lo mismo: éxito, fama, dinero, inquieto, se despidió y se dirigió a una solitaria banca en el medio del parque, era noche y había poca gente, se le acercó un señor de edad avanzada con una franca y amable sonrisa, observó al viejo y vio en él un gesto de sencillez, alegría, paz
- ¿Me permite lustrarle sus zapatos joven? – juan observó sus zapatos y le dijo-
- Si, adelante
- El viejo puso su cajón y su silla e inició con su tarea, trabajaba sin hablar y con un aire de felicidad, con paciencia, los pulía una y otra vez -Juan rompió el silencio-
- Señor, usted no trae revistas, como los demás boleros
- Así es joven… no me gustan las malas noticias para mis clientes, cuando lo desean les doy algunos pequeños textos que yo mismo hago., o los dejo que disfruten del silencio, o los escucho, me gusta escuchar a quienes quieren ser escuchados
- ¿me muestra algunos de sus textos? Le contestó Juan
- ¡Claro!, aquí tiene algunos. No son versos, no riman, no tienen métrica, pero salen del alma… yo les llamo textos del corazón. -Juan los tomó y los leyó ávidamente, una y otra vez -le preguntó-
- ¿Tiene más?
- Si, aquí tiene otros… estos son todos, es la producción de anoche, ya no son tantos como antes, últimamente me vence el sueño con frecuencia, creo que es la vejez – le dijo sonriendo-
- Señor… Son muy bonitos, lo felicito, y su letra mano escrita es preciosa, creí que ya no había quién escribiera con tanto cuidado y belleza, ¿lee mucho?
- Si Joven, aunque ya no tanto, prefiero escribir
- Llámeme, Juan, por favor, Juan es mi nombre -le dijo extendiéndole la mano-
- Mucho gusto Juan, el mío es Pablo, si, estudié una carrera universitaria y la concluí, la carrera es lo de menos, la ejercí por poco tiempo, así que no vale la pena hablar de ella, me gusta hablar de mi vida en este parque y otros, de Dios, de la bondad, de música, de la vida, tengo ya muchos años y hermosos recuerdos, al decir esto sus ojos se iluminaron irradiando una tranquila y especial alegría
- Don Pablo, ¿pero… cómo es que siendo profesionista lustra zapatos?
- Juan, Antes de responderle, le pregunto, ¿a qué se dedica?, lo he visto en los portales tomando café con empresarios importantes, algunos son mis clientes.
- Soy un profesionista y empresario exitoso don Pablo -lo dijo con no mucha alegría e inclinando sus ojos al suelo-
- Bueno Juan, si sirve de algo, le comento, a mí me hicieron esa misma pregunta y respondí siempre con el mismo gesto que usted acaba de hacer, y no le cuento más porque no me gustan las historias tristes, soy lustrador de zapatos y soy feliz, muy feliz, gano poco dinero, solo lo esencial, y no deseo más de lo que tengo, bueno, bueno… en estas últimas semanas ha sido diferente… -Don Pablo no terminó de hablar, se quedó un momento pensativo y dándole un último lustre a los zapatos dijo:
- Son veinte pesos Juan, me agrado mucho conversar con usted, y usted también me agrada, quisiera no cobrarle… pero ahora sí, necesito juntar algo de dinero y no me queda otra, cuando guste, aquí me encuentra todos los días, prefiero las noches frescas y la tranquilidad de estas horas
- SI don Pablo, muy buen trabajo, Muchas gracias tome, así está bien
- Juan, es un billete de cien pesos, yo cobro veinte -le dijo agrandado sus ojos -Juan le respondió-
- Deme ese gusto Don Pablo, pasé unos minutos muy agradables leyendo sus textos, y si con eso lo ayudo ¡mejor!, dígame, cómo podría yo ayudarle a ganar ese dinero que dice que necesita.
- Bueno… ya soy viejo, me pagan o me dan la comida a cambio de trabajos sencillos, lustrar zapatos, podar jardines, barrer aceras, y cosas como éstas… creo el cansancio me está llegando, pero debo ahorrar un poco de dinero para el proyecto más importante de este momento, necesito trabajar más para reunir cierta cantidad lo más pronto posible, si me da trabajo se lo acepto
- Si, ¡claro!, a partir de mañana, ¿qué le parece?, vaya a mi casa diariamente, a arreglar el jardín, podar las flores, regar, y lo que se le ocurra, mire, hay mucho por hacer y nada me urge, así que hágalo a su ritmo, oiga, ¿y cuánto necesita para salir de su compromiso?
- Para mí es mucho dinero Juan, diez mil pesos, pero ya junté tres mil
- No se preocupe, en un mes ya habrá reunido esa cantidad, yo me encargo de eso
- ¿Un mes?… no, no… le repito, me gusta ganarme las cosas…
- Ya veremos don Pablo, ya es tarde, ¿gusta que lo lleve a su casa?
- No, está algo lejos, vivo en un lugar muy humilde y de difícil acceso
- ¡Qué pena ni que pena!, lo llevo, -diciendo esto lo tomó del brazo y caminaron tres calles hasta llegar a la casa de Juan, subieron a su lujoso auto y tomaron rumbo, en el camino siguieron conversando-
- Don Pablo, ¿Tiene esposa?, Hijos?
- No, nunca me casé
- Es usted un hombre muy ameno, supongo que hubo alguien en su vida
- Solo una mujer, muy hermosa, la más hermosa que jamás vi… ni veré, pero no pudo ser, y nunca más quise a nadie, aun la llevo en mi corazón, -Don pablo se quedó ensimismado y viendo a la distancia con sus ojos irradiando recuerdos
- ¿Usted tiene esposa Juan?
- No, soy soltero, me he dedicado al trabajo, a crear empresas, hacer dinero, y cosas como esas, pero no estoy bien últimamente, mis amigos solo hablan de negocios, de competir y cosas de esas, no tengo novia, creo soy igual que ellos, vivo para trabajar, y tal vez acumular, ya lo he notado.
- Eso no es bueno para su corazón, ni para su vida, esto se va demasiado aprisa, cuando vea hacia atrás, verá un imperio, pero deshabitado por el amor y la alegría, porque, ¿sabe?, está usando solo la cabeza, no su corazón
Juan siguió conduciendo pensativo, recordó a los pequeños comerciantes que habían tenido que cerrar sus negocios porque sus estrategias impulsaban sus negocios, pero a la vez quebraban a pequeños empresarios, y ya no se sentía bien con eso.
- Ya llegamos, aquí es Juan, le agradezco mucho, discúlpeme, el lugar es muy pequeño y no tengo muebles para invitarle a pasar, vivo en aquella choza de lámina, la que se ve allá
- No se preocupe don Pablo, me dio gusto conocerle, mañana le espero temprano
- Si, ahí estaré muy temprano Juan, muchas gracias. -Al siguiente día, don Pablo llegó muy temprano, se pusieron de acuerdo en las tareas que desempeñaría, y ambos iniciaron cada quién su trabajo. Así pasaban los días, al finalizar cada tarde, charlaban amenamente mientras tomaban un buen café o leían textos de don Pablo y de otros autores, Juan había encontrado un maravilloso pasatiempo comentando con Pablo textos filosóficos y vivencias, por la noche Juan llevaba a don Pablo a su casa y le acompañaba hasta la puerta de su choza, alguna vez Juan entró, era una lugar muy pequeño, muy limpio, había solo un catre, una pequeña mesa, un sola vieja silla y varias pilas de papeles perfectamente ordenados, las vecinas ya conocían a Juan y le saludaban cordialmente, así, transcurrieron tres semanas, Juan ya tenía el jardín más bello que se pudiera apreciar, lleno de colores vivos, rosas, jazmines ,buganvilias, claveles y azucenas, magnolias, petunias, lilas y aves del paraíso, era un jardín precioso y lleno de vida. -una tarde en una de sus charlas, juan le dijo-
- Don Pablo, he notado que elude hablarme de la mujer que dijo había amado, usted sabe que le aprecio mucho, y me gustaría saber que pasó, ¿porque no se casó con ella?, porqué esta solo?
- Juan, nunca he hablado de ella… excepto conmigo mismo
- Entiendo don Pablo, ¿tal vez no quiere recordad un abandono?, pero cómo alguien como usted, que escribe tan bien, es tan ameno, desprendido, pudo haber perdido al amor de su vida -Don Pablo se quedó pensativo, se le quedó viendo a Juan, ya había notado en sus ojos la soledad, tal vez por falta de afecto pero que intentaba ocultar, así que decidió contarle, y le dijo-
- La conocí por un importante proyecto de minería, yo era Ingeniero metalúrgico y me enviaron a supervisar unos hornos de fundición a una población muy alejada donde se extraían cantidades importantes de minerales, ella vivía ahí, en su casa nos atendían a las gentes de la mina, desde que la vi supe que ella sería la mujer de mi vida, todo en ella me fascinaba, por ella empecé a escribir, a pocos días de conocerla le dije lo que sentía por ella, se ponía nerviosa cuando me veía, su madre era una mujer algo posesiva y no dejaba que platicara conmigo, y ella trataba de obedecerla, a partir de ahí le escribía diariamente, con tanta dulzura como podía, y cuando su madre se descuidaba platicábamos; finalmente me dijo que me amaba también, yo le propuse matrimonio y lloró de alegría, un día, me hablaron de México para ascenderme, a ninguno de los dos nos gustaba la ausencia, tuve que salir en forma imprevista y urgente, tomé un pedazo de papel y le escribí un breve verso, se lo dejé con una de sus hermanas en una cajita de cerillos y me marché sin despedirme, requería el dinero para mis planes con ella, así que acepté el ascenso y me fui a México, en ese entonces no era fácil comunicarse por ningún medio; habían pasado dos meses y un amigo de ambos fue a buscarme para informarme que ella había enfermado, me extrañaba, tanto como yo a ella, tomé el primer transporte que encontré e inicié el viaje para regresar donde ella, fueron dos días de camino, al llegar estaba tendida en su cama, su hermoso rostro sereno y triste, como una virgen de algún retablo, una de sus manos sobre su pecho como tocándose el corazón, y en la otra, fuertemente asido tenía un papel, había muerto hacía apenas unos minutos antes, aún tenía sus manos tibias, abrí suavemente su mano y tomé el papel, lo leí y lloré como nunca antes… ni después, era el verso que le había yo dejado al marcharme, ahí me contaron de su tristeza, dijo el doctor que no estaba enferma, su corazón solo se había detenido, desde entonces traigo conmigo ese pequeño papel, ahí guardo sus lágrimas, a ella, nunca se lo he mostrado a nadie, pero usted es la persona indicada Juan, mi corazón me lo dice, ¿quiere leerlo?, solamente son cuatro palabras, no es un verso ni mucho menos, pero para mí es la rima perfecta, el verso perfecto, el texto perfecto
- Si Pablo, quiero leerlo -Con sus manos temblorosas Pablo tomó la caja de cerillos y extrajo un pequeño papel deteriorado por el tiempo, tenía dos líneas de dos palabras cada una – Juan le dijo-
- Para ella no hubo poeta mejor ni mejor verso Don Pablo -Se hizo un prolongado silencio entre ambos, Juan regresó a don Pablo el papel y éste lo guardó cuidadosamente-
- Don Pablo, ¿Que pasó después?, ¿y su trabajo?, ¿que hizo?
- Ya no había nada que hacer, no sabía que paso dar, me fui a México, me dieron un mejor puesto, más dinero, más obligaciones y responsabilidades, mi cuenta crecía pero mi capacidad de escribir y lo que sentía se iba perdiendo, algo de mí moría, renuncié y me regresé al pequeño pueblo de mi amada, compré un pequeño terreno y empecé a cultivar flores, vendía un poco y otras las usaba para la tumba de mi amada, siempre había mariposas y colibríes conmigo, decidí llevar esta vida simple que llevo, estoy agradecido porque he podido conocer a personas como usted, y platicar de lo hermoso que son las emociones humanas – Juan también pensó en la vida vacía que llevaba, aunque en apariencia lo tenía todo –
- Don Pablo, me voy, mi jardín ahora es tan bello que no me canso de contemplarlo, tiene su sello, ¡quedó muy bonito!
- Si Juan, lo hice con amor, mucho amor, y con mucha alegría
- Don Pablo, para mí su trabajo vale mucho más de lo que convenimos, así que, aquí tiene diez mil pesos, se los entrego, y si requiere más solo dígame – Pablo se estremeció y abrió los ojos desmesuradamente-
- No, no Juan, déjeme ganármelos en el tiempo que pactamos, no quiero terminarlo aún, usted ha sido bueno conmigo… y yo estoy muy contento, quiero continuar unas semanas más
- No, acéptelos, no le estoy regalando nada, es por su excelente trabajo…
- Mire Juan, son una gran tentación para mí, al tenerlos es posible que ya no vuelva, y no quiero fallarle, y es que mi compromiso puede ser superior a mis fuerzas, créame, ya teniéndolos en mis manos podría no verlo por un tiempo
- Don Pablo, no se preocupe, el trabajo está hecho, tárdese cuanto quiera, sé que usted es feliz, y eso me hace feliz, el trabajo lo tiene seguro, déjeme seguir siendo su amigo, de seguirlo viendo en la casa, diario.
- Si, está bien, intentaré volver pronto Juan, de una u otra manera usted sabrá de mi…
- Cumpla su deseo y compromiso, el que sea. -Don pablo tomó el dinero, se agachó, lloraba en silencio y no quiso mirar los ojos de su joven amigo, solo dijo: –
- Juan, usted ya habita en mi corazón, y sin decir más Don Pabló salió, no sin antes darle un fuerte, fuerte y prolongado abrazo. -Don Pablo acostumbraba a llegar muy temprano, era un nuevo día y no llegó, pasó otro día y tampoco, Juan incómodo se preguntaba ¿qué pasaría?, en realidad nunca le dijo cuál era la razón ni para qué quería el dinero, ¿se iría a otro lugar?, ¿iría a pagar algún adeudo?, esperó una semana y nada, era casi media noche cuando tocaron a su puerta, sobresaltado, corrió y abrió el portón-
- Joven Juan, venga con nosotras por favor -Eran las vecinas de don Pablo, subieron a su auto rápidamente, en el trayecto:
- ¿Qué pasó?, ¿cómo está don Pablo?
Estos días le vimos muy contento arreglando sus papeles con las autoridades sobre la perpetuidad de la tumba de su esposa, anoche, muy feliz, nos dijo que había concluido sus trámites, hoy pensamos que había salido temprano como siempre para ir con usted, pero su puerta estaba abierta, y anoche tampoco estuvo hasta ya muy tarde escribiendo como todos los días, fuimos a cerrar la puerta para que no se metieran los perros, y cuando vimos adentro -empezaron a llorar y le dijeron- don Pablo ya no respiraba, le tomamos el pulso y ya no tenía; en su mesa dejo una carta para usted, y pues… queremos que nos diga que hacer… Juan, que normalmente era poco expresivo, detuvo el carro, se reclinó en el volante y empezó a llorar como un niño…. después de un momento, nuevamente se pusieron en marcha, al llegar a la choza de don Pablo, entró y se tendió sobre “su Pablo” y le abrazó con todas sus fuerzas, no podía dejar de llorar, le hablaba y le explicaba que hubiese querido decirle lo que sentía, hablar con el corazón, pero me ha sido difícil expresar mis sentimientos -le decía-, se acercó a la mesa, sobre las pilas de documentos, estaba la cajita de cerillos y una carta dirigida a él, le pidió a las vecinas que le permitieran leerla a solas, así que salieron, abrió la carta, que decía:
“Te nombro heredero único de todo lo que poseo, estos escritos y de mi texto amado, sé que llorarás cuando llegues aquí, me abrazarás y me dirás que sientes no habérmelo dicho en vida, pero hijo, yo lo sabía no te preocupes, lo leí en tus ojos casi desde el día en que te conocí, siempre supe de tu soledad y del gran potencial de tu corazón, que solo está dormido, esperando con ansias despertar, no te preocupes, todo tiene su tiempo, en adelante, usa más el corazón que la cabeza, habla de la belleza y del amor con más frecuencia, porque no todos podemos leer los ojos, yo también te quiero mucho, ¿sabes?, noté en tu mirada esa misma mirada de poeta que me decía mi madre que yo tenía, ella también podía leer los ojos, si, tú tienes esa mirada de poeta, pero has pasado el tiempo tratando de ignorarla igual que a tu corazón, pero tu destino te alcanzará, te robará el alma, y te hará un ruiseñor, porque tienes alma de ruiseñor… lo sé. Quiero que sepas que desde hace unos pocos meses el cansancio invadió mi ya viejo organismo, y sabiendo que se aproximaba el momento de partir a reunirme con mi amada le pedí a Dios con todas mis fuerzas, mi alma y mi corazón que me enviara una persona especial que cumpliera mi último deseo, y también le pedí que me diera la virtud de reconocerla, y llegaste tú, te reconocí en el acto, que feliz me hiciste; Ahora, te pido un último favor, en el otro sobre grande que está debajo de esta carta están los documentos de perpetuidad de mi amada, todo está pagado, mi traslado, mi ataúd, mi entierro, llévame allá y entiérrame junto a mi amada, su familia ya está enterada; te dejo el verso de mi amada que ahora es tuyo , hijo, si gustas y te atreves, te heredo lo único que poseo, la valentía de vivir con el alma en la mano, de hablar del amor verdadero, la fidelidad al amor hasta la muerte, y predicar con acciones los versos que se escriben, a todo esto la gente le llama LOCURA, pero no es difícil vivir con ella, más bien es una hermosa aventura. Hijo, estás en mí corazón, de aquí a la eternidad.
Juan destapó la cajita de cerillos Leyendo nuevamente los versos que decían:
- Te quiero, te quiero
- Te quiero, te quiero
Desde entonces, hay un joven que a veces habla solo, a veces con la luna, dicen que está loco, vaga por las calles de esta hermosa ciudad y se detiene con frecuencia frente a balcones vacíos, le gusta mucho hacer versos, canta todos los días… y no quiere volver a casa.
Fray Luis de León lo describiría:
Es un joven que decidió vivir en el retiro
Apartado del mundo y sus engaños
Contemplar a los hombres como extraños
Para morir después como el suspiro.
**Ahora… escuchar Canción El Loco**

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